Soy una actriz porno:
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Teresa o la fuerza de la pasión Teresa me tenía en su punto de mira y yo nunca quise reconocerlo. La veía excesivamente pagada de sí misma, cargada de pretensiones, su mirada me congelaba y le atribuía un cronómetro por corazón. Sexualmente me atraía, por la evidente perfección de su figura, pero nunca me sentí urgida por la excitación. Podía pasar de ella. Pero no sabía que ella no tenía intención de pasar de mí. Sucedió una noche en que yo estaba obsesionada por acostarme con su mejor amiga. Había sacado a relucir todas mis armas de mujer, pero cuando su amiga estaba a mi merced, me eché para atrás, y me contenté con paladear el sabor de la conquista. Teresa había observado todo mi incesante cortejo y su imprevisto final, y en ese momento entró en mi vida, sin pedir permiso, y me demostró la altura, la anchura y la profundidad de una pasión que no conoce freno, ni entiende de reglas. Teresa cultiva el sexo como el último grito de un cuerpo entregado al placer más intenso, orgasmo tras orgasmo, hasta el gemido final, cuando ya no quedan fuerzas y las lágrimas del placer se confunden con el sudor del esfuerzo. Teresa nunca me ha dicho lo mucho que me quiere, pero la imagen desaforada de su deseo vale más que mil palabras de amor. 28/09/2005 08:34 Comentarios » Ir a formulario |
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