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Soy una actriz porno:

¿Y qué?

Menuda pasión menuda.

Menuda pasión menuda. Metro y medio de auténtico desenfreno.
Y de sonrisas, y besos, y lujo, y encanto,
y mirada que me atraviesa,
que me convierte en cómplice de sus travesuras eróticas,
de sus audacias morbosas e infantiles.
Rita alegre, Rita vitalidad, Rita fuego,
Rita refugio para sentirme madre y maestra, niña y discípula.
Aprendí, una y otra vez, que todos los caminos conducen a ella,
y en la sobremesa de otros festines de sexo
con otros cuerpos y otros rostros,
comprobé cómo surge, arrebatador,
su nombre, su cuerpo, su sexo, su paz.
Me gustaría que fuera mía, pero no, soy yo la que soy suya.
Como muchas otras más, que cuando cierran los ojos
piensan, sueñan, sienten, viven
sus maravillosas, seductoras, irresistibles caricias.

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