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Sara, el apogeo de la carne. Cuando me dejo dominar por la sensualidad pura y dura, cuando ansío que el deseo de la piel me avasalle, cuando sueño con la voracidad de la pasión y el sudor del sexo, entonces me viene al recuerdo, irresistible, el tembloroso espasmo de mi querida, inflamada, fogosa, deslumbrante y embriagadora Sara. La recuerdo, acurrucada en mi hombro, y me estremezco, la vislumbro, pegada a mi piel, y se eleva la temperatura de mi deseo, evoco la carnalidad de sus labios, y me dejo devorar por el ansia de su boca. Sara, sexo puro, deslumbrante venus de piel de nieve, surgida del mar azul de una mirada impaciente, Sara, para amar, sin tiempo ni medida, hasta el agotamiento, hasta el último gemido, con el cuerpo incondicionalmente abandonado, ante la inmensa exaltación del placer.
15/02/2006 11:41
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