
Patricia estudia arte dramático
y se gana la vida como modelo ocasional.
Me dejó algunas fotos de su book,
cuando le pedí un recuerdo de la noche que pasamos juntas.
Patricia tiene el encanto de no avasallar,
de dejarse querer,
y lo hace con una carnalidad asombrosa,
cada postura suya es una invitación al placer,
cada gesto una insinuación a seguir amando,
cada arruga una tentación para renunciar a toda resistencia.
La sexualidad de Patricia es esforzadamente indolente,
perezosamente activa,
delicadamente furiosa,
apasionadamente fría.
Es un amor de alto voltaje
dentro de una ternura que electriza
y un peligrosísimo componente de adicción.
Tristes, muy tristes son las mañanas
cuando el sol primero del amanecer
penetra en mi dormitorio
acaricia mis sábanas,
y no encuentro el abandono de su maravillosa piel.