Monica siempre llama dos veces
La conocí en un desgraciado fin de semana. Había sufrido una burda estafa,
en la que ella sirvió de cebo involuntario.
El deseo se transformó en repulsión,
el amor en ira,
la ternura en odio.
El tiempo pone las cosas en su sitio,
y olvidé aquel ingrato incidente,
pero no a Mónica.
Ella relucía en mi recuerdo,
libre de culpa,
apetitosa como una fruta prohibida.
Nunca pude sospechar
que el azar me diera una segunda oportunidad
para recorrer otra vez con ella
el camino de la pasión.
Pero no solamente el cartero siempre llama dos veces.
Mónica también lo hace
para comprobar que en muchas ocasiones
las segundas partes son las mejores.
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