Marta, tormenta de verano
Creía tener fuerzas para resistirla, pero su ola me arrastró
y me sorbió el seso
-y el sexo-
en una mañana que dificilmente olvidaré.
Luego ella cerró los ojos
y dejó que le acariciara un rato su cuerpo de chiquilla,
excitándome aún más
por las mil imperfecciones de la primera juventud.
Al cabo de un rato,
sin decir otra palabra que un adiós a media voz,
saltó de la cama, se vistió y se fué,
dejandome exhausta,
con el cuerpo devorado
y el corazón herido
por el vendaval sin freno de su pasión.
Sé que Marta no volverá.
Está en la edad de probar y no quedarse con nada.
Pero nunca olvidaré la mañana en que entró en mi casa
y en mi vida
para transformarse en una arrebatadora tormenta de verano.
0 comentarios