Blogia
Soy una actriz porno:

¿Y qué?

mi,me,conmigo.

Elena, mi sol.

Elena, mi sol. Nunca pensé que en la furia sexual pudiera latir tanta ternura.
Elena es el amor más goloso que se haya podido encarnar
en un cuerpo pequeño, mullido, abierto, alegre y manejable.

Mi pequeña niña luminosa, de mirada danzarina,
cada noche intento convertirte en un juguete de sexo,
y al alba, soy yo la que se despierta,
acurrucada en tus brazos,
como si fuera aquella muñeca de tu infancia
a la que dedicar tu inmensa veta de cariño.
Nada puede compararse al placer de comprobar
con qué dulce y deslumbrante insistencia
vas deshaciendo la niebla de mi tristeza,
y transformando mi oscuro amanecer
en una deliciosa mañana de esplendor.

Cuando me sonríes, se terminan las sombras.

El frenesí de Hana.

El frenesí de Hana.

Hana, una erasmus danesa,
estudia castellano y se ha convertido en mi filóloga favorita.
La conozco en la biblioteca pública del barrio,
ella está leyendo a Garcilaso,
y me pregunta el significado de estos versos:
«Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero».
 Al rato, cuando su inteligencia lúcida y sensible
comprueba que me ha conquistado definitivamente, 
ella da por concluidas las palabras
y me habla en el idioma común de la piel.
Hana me ofrece su cuerpo sin artificio,
pura carne hambrienta de sexo.
Gracias a ese lenguaje compartido,
comprendo que el deseo tiene razones
que la razón no entiende.
Hana me arrastra al despeñadero de la pasión
allí donde la ternura pierde toda su elocuencia
y la caricia se queda corta
allí donde solo cuenta la furia y el delirio
donde el sexo obliga a dejar bien patentes
las marcas de una en la otra,
como territorio fieramente poseído.

Frenéticamente Hana.
Frenéticamente mía.

Gabriela y haz lo que quieras.

Gabriela y haz lo que quieras.

Gabriela dispone de un cuerpo goloso,
para acariciar y apretar,
para besar y sopesar,
para morder y penetrar.
Despliega una mirada pícara y triste,
divertida y melancólica,
terriblemente joven y a la vez asombrosamente adulta.
A Gabriela le gusta ser amada,
utilizada, estrechada,
absorbida, saboreada.
Me deja hacer con ella lo que me apetezca,
y a mis urgencias volcánicas
responde siempre con una sonrisa
enamoradamente comprensiva,
apasionadamente dulce,
desaforadamente sumisa.
Gabriela me excita en su pasividad,
porque no hay nada más morboso
que transformar su paciente inactividad en un ilimitado arrebato,
y convertir su apatía en ardor,
su abandono en frenesí,
su serenidad en convulsión,
su gemido en grito.

Gabriela, mi hielo, mi fuego, mi calma, mi furia.

Desbordándome Christy.

Desbordándome Christy.

Un orgasmo encadenado, sin fin. Cristina no conoce la palabra basta. Siempre preparada, siempre dispuesta, siempre hambrienta. Es el paraíso perdido, la tierra prometida del obseso sexual. Todo su cuerpo invita a la acogida. Es una mente abierta, unos brazos abiertos, una boca abierta, un sexo abierto. Pasa sin llamar, soy toda tuya, y ella se convierte en el hogar de mi hambre, en la fuente de mi sed, en la posada de mi camino, en el puerto y la meta, pequeña Cristina, puro zumo de sexo, de hermosísimo, tiernísimo, durísimo, morbosísimo, inigualable y brutal sexo. Mi pequeña fiera, que no conoce límites, que ama el sexo del hombre y la caricia tierna de la mujer fundidos en un solo cuerpo y en una sola mente. Cristina, sueño, fantasía erótica de lo más subido, para ayudarnos a vivir con alegría la pena nuestra de cada día.

Eli, sueño dorado.

Eli, sueño dorado.

Te he buscado una y otra vez,
he soñado que corrías a mi lado,
desesperadamente, ansiosamente,
a inyectarme la juventud y la vitalidad que te sobra,
a darme mil años de placer con piel en flor,
a seguir compartiendo confidencias entre beso y beso,
a sentir como nuestro sexo ríe de gozo,
y cómo una sola caricia tuya me abre las puertas de la felicidad.
Eli, tantas veces querida, deseada, amada, besada,
eres el reposo de mi boca insaciable,
la posesión de un cuerpo pensado para ser amado,
eres mi sueño dentro de mi sueño,
placer que se reproduce a si mismo,
y que cobra la forma de mujer ideal,
de ese eterno femenino que persigue mi corazón de mujer.
Eli, desbordada ilusión,
inextinguible llama de esperanza,
acariciable utopía,
por muchas mujeres que pasen por mi vida,
ninguna estará en todas como lo estás tú.

Cierro los ojos y siempre te tengo muy a mi lado.
Aunque nunca más te vuelva a ver.

Gina, alborotado deseo

Gina, alborotado deseo

Gina es una italiana que vivía en mi barrio y visitaba con frecuencia el ciber a donde suelo ir a mirar el correo y colgarme del messenger.

Coincidíamos en la puerta: ella llegaba, cuando yo me iba, pero invariablemente tenía tiempo de regalarme, al cruzarse conmigo, una sonrisa golosa, picante y muy nutritiva.

Un día me quedé más tiempo solo para esperarla. Ella entonces se sentó ante un ordenador situado enfrente del mío. No sé cómo había conseguido mi email, lo cierto es que me mandó un mensaje muy provocativo y yo piqué creyendo que era otra persona, hasta que, al cabo de un rato, cuando las insinuaciones habían subido de tono, no pudo aguantarse más y soltó una divertida carcajada que trastornó a toda la sala. La miré con asombro y ella me envió un mensaje que ya no necesitaba el concurso del chip. Se acercó y, ante los asombrados ojos del personal, me dio uno de esos besos que sólo los puede ofrecer una italiana del sur.

Fue una noche arrebatadamente irresistible. Gina me dejó la huella de sus dientes en mi piel, la huella de su sonrisa en mis ojos, la huella de su pasión en mi sexo.

Al día siguiente, me encontré con una nota suya en donde me anunciaba que volvía a su querida Italia, y me sugería la posibilidad de un segundo encuentro, en alguna terraza romana, tomando juntas un capucino, y saboreando de antemano una segunda noche de amor disparatado.

Gina, pícara, Gina, traviesa,

Gina, revoltosa ladrona de corazones.

Blanca, blanquísima.

Blanca, blanquísima. Es lo bueno de Blanca:
Que es muy legal, muy sincera,
muy noble, muy auténtica.
No disimula, no finge, no se anda por las ramas,
agarra lo que quiere,
y sonríe sabiendo que es suyo por derecho de conquista.
Y lo hace sin dominar, sin prepotencia,
con una total y absoluta entrega,
con una apasionada rendición incondicional.
Blanca prefiere recibir que dar,
pero es muy fácil llenarla de placer
y me lo agradece de una forma
que al final yo recibo mucho más de lo que le doy,
porque lo recibo con gritos y gemidos,
con sonrisas y lágrimas,
con besos y arañazos,
con furia y mimo,
con sed y ternura.
Frente a tanto cariño seco y falso,
Blanca es mi inolvidable y húmedo amor.
Me gustaría llevar a Blanca dentro de ese maletín
que, en sus viajes sin sentido por el océano de los sentidos,
siempre lleva vacío,
a saber por qué,
mi loco corazón.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Marisa, maravilloso abismo.

Marisa, maravilloso abismo. Marisa es una tentación que seduce, embruja, fascina, embelesa, subyuga, hechiza, cautiva, deslumbra, encadena, arrebata, envuelve, atrae, contamina y conquista total y definitivamente.
Y no lo hace con un cuerpo rebosante de poderío,
ni con una figura dominante y avasalladora.
Marisa es pequeña, liviana, sencilla, discreta, frágil y delicada.
Pero tiene una sonrisa irresistible y mágica,
absolutamente encantadora,
y la utiliza como palanca para mover el mundo
y ponerlo a sus pies.

Marisa mujer total.
Y fatal.

Bea, la pasión fiera.

Bea, la pasión fiera. Antigua compañera de trabajo, siempre tuve envidia de su forma de ser, absolutamente desinhibida, en una época en que yo era un amasijo de complejos estúpidos.
Cuando conseguí desembarazarme de ellos, hacía tiempo que Bea se había buscado otros mundos que vivir y otras compañías más gratas que disfrutar.
Pero la vida siempre te ofrece una segunda oportunidad, esta vez dentro de una invitación a una de esas cenas en donde se intenta camuflar una noticia con la última bobada del cocinero de turno. Tomando un canapé de nombre inconfesable, me la volví a topar, y desde el primer beso comprendí que esta vez no nos ibamos escapar una de la otra.
Dejamos que el mundo siguiera rodando, y nos perdimos como lobas hambrientas en la habitación de un hotel.
Con ella aprendí a saborear el sexo con dolor,
el beso con sangre,
el erotismo a punta de uña,
el grito sudoroso,
la herida lacerada del deseo.

Bea, inolvidable Bea,
furiosamente amada
rabiosamente amante.

Rosa sin espinas.

Rosa sin espinas. Es un pequeño imán de atractivo suave e insistente,
su mirada lleva una sabia mezcla de ingenuo asombro
y de exquisita y sutil fragilidad.
Su piel transmite una tersura sedosa
proclive a deshacerse ante las embestidas de la pasión,
como si necesitara la precisa actuación
de un orfebre experto en miniaturas.
Pero nada más comenzar el fragor de la batalla
descubro con sorpresa que tras su apariencia infantil,
se esconde una mujer apasionadamente fiera,
que su inocencia refinada es tan sólo una mórbida máscara
que camufla un cuerpo abierto y dispuesto
a dar y recibir placer a través de todas las locuras
que pueda imaginar mi obsesión calenturienta.
Rosa insensata, rosa furiosa,
rosa hambrienta, rosa morbosa,
rosa de sexo rosado, húmedo, mío.

Teresa o la fuerza de la pasión

Teresa o la fuerza de la pasión Teresa me tenía en su punto de mira
y yo nunca quise reconocerlo.
La veía excesivamente pagada de sí misma,
cargada de pretensiones,
su mirada me congelaba
y le atribuía un cronómetro por corazón.
Sexualmente me atraía, por la evidente perfección de su figura,
pero nunca me sentí urgida por la excitación.
Podía pasar de ella.
Pero no sabía que ella no tenía intención de pasar de mí.
Sucedió una noche en que yo estaba obsesionada
por acostarme con su mejor amiga.
Había sacado a relucir todas mis armas de mujer,
pero cuando su amiga estaba a mi merced,
me eché para atrás,
y me contenté con paladear el sabor de la conquista.
Teresa había observado todo mi incesante cortejo
y su imprevisto final,
y en ese momento entró en mi vida, sin pedir permiso,
y me demostró la altura, la anchura y la profundidad
de una pasión que no conoce freno, ni entiende de reglas.
Teresa cultiva el sexo como el último grito de un cuerpo
entregado al placer más intenso,
orgasmo tras orgasmo, hasta el gemido final,
cuando ya no quedan fuerzas
y las lágrimas del placer
se confunden con el sudor del esfuerzo.
Teresa nunca me ha dicho lo mucho que me quiere,
pero la imagen desaforada de su deseo
vale más que mil palabras de amor.

Jana, hielo ardiente.

Jana, hielo ardiente. Conocí a Jana hace un año
y tuvimos una breve relación apasionada
que se cortó, no sé muy bien por qué.
Después coincidimos en bastantes fiestas
pero sin que ninguna de las dos
hiciéramos nada para volver a vernos.
Se diría que estábamos condenadas a olvidarnos,
pero la vida es una curiosa celestina.
La otra noche estaba allí,
aunque no me había dado cuenta.
Yo me entretenía persiguiendo
a una chica relativamente interesante
hasta que al final, quedé agotada
de su frivolidad un tanto infantil.
En ese preciso momento, apareció Jana
y se me abrieron las puertas del cielo.
Jana tiene sangre oriental y latina,
puede ser una chica zen,
calmada, pasiva, atenta y servicial como una gueisa,
y de repente,
pasar a un estado de erupción apasionadamente salvaje.
Jana, dos mujeres en un cuerpo leve y ágil, dulce y picante,
en una piel de porcelana china,
en una mirada que me alivia y me obsesiona,
que me hiela y me quema..
Jana, amor de ida y vuelta,
que me arrebataste de nuevo el corazón
para dejar constancia
de que nunca habías llegado a devolvérmelo por completo.

Lucía, huracán de sexo.

Lucía, huracán de sexo. Sudor, deseo, hambre, pasión.
Sexo en estado puro.
Sin aditivos, sin conservantes, sin colorantes.
Sin maquillaje, sin excusas, sin pretextos.
Carne en pálpito,
alegremente insaciable,
estimulantemente abierta.
Así es Lucía.

No conocía el amor de mujer a mujer,
pero se desnudó en cuerpo y alma,
con la única ilusión de hacerme crujir de placer.
Lucía, pequeña Lucía.
Apasionado vendaval de una noche loca y sin freno.