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Soy una actriz porno:

¿Y qué?

mi,me,conmigo.

Alicia, demasiado preciosa
para ser real.

Alicia, demasiado preciosa <br>para ser real. Asombrada, casi confundida, ante tanta fascinación,
me acerqué a tu piel casi con reverencia.
Tu hermosura elegante, casi angélica,
frenaba mi ansia de caricias,
pero la sensualidad de tus ojos
y la humedad exquisita de tus labios
me animó a sumergirme en el remolino de la pasión.
Y mi deseo persistió aún después de haber sido satisfecho,
porque tu poderoso atractivo parece inagotable.
Alicia, vida mía,
muéstrame sin reservas
la maravilla de tu piel suavemente morena
que parece hecha de miel dulcísima,
hiéreme con las flechas de tu mirada
que atraviesan los ojos del alma,
baila la danza de la ternura
en el escenario que mi corazón ha dejado libre para ti,
porque quiero ser para ti
la flor que acaricias,
el lecho de hierba donde te tiendes,
la túnica de tul que pasas por tus labios,
y tu belleza limpia y natural, maquillada por los dioses,
anima una y otra vez mi ansia de ti
y te beso, te acaricio y te poseo y es tan intenso mi apetito,
que el orgasmo me envuelve con una suavidad infinita,
mi cuerpo se derrite
y en mis ojos fluyen las lagrimas
ante una perfección que sólo puede ser posible,
si se concibe como un sueño.

Eva, torbellino.

Eva, torbellino. Eva siempre tiene dispuesta, para propios y extraños,
una veta inagotable de arrolladora simpatía,
y venga o no venga a cuento,
les ofrece al momento una sonrisa contagiosa.
Eva odia las caras tristes,
los asuntos aburridos,
los minutos de silencio,
y prefiere el divertido alboroto de una conversación ingeniosa.
Eva es la mejor pareja que puede encontrar otra mujer
para compartir la cama una noche de invierno,
cuando el frío invita a acurrucarse entre sus pechos,
y buscar el regocijo de una piel
dispuesta a saborear la copa más alborozada del amor.
Estando con ella,
es difícil tomarse en serio la sacudida febril del erotismo,
porque ella tiene el acierto de culminar el ansia sexual
con un colofón divertido
que ahoga, entre oleadas de risas, el incendio más apasionado.
Eva, mi amor, mi refugio, mi pícaro postre, mi contrapunto,
siempre fuiste la mujer que nunca me atreví a ser
y mi sueño es contemplarte
como la imagen que de mí podría reflejar
un espejo situado en la dimensión contraria.
Por eso, hay días en que lo dejo todo,
el placer más exquisito y la pasión más sórdida,
y me acerco mucho a ti,
para admirar con emoción tu irresistible vitalidad
y saciarme con el torrente de la alegría
que vas dejando a tu paso por la vida.

Eva, torbellino.

Eva, torbellino. Eva siempre tiene dispuesta, para propios y extraños,
una veta inagotable de arrolladora simpatía,
y venga o no venga a cuento,
les ofrece al momento una sonrisa contagiosa.
Eva odia las caras tristes,
los asuntos aburridos,
los minutos de silencio,
y prefiere el divertido alboroto de una conversación ingeniosa.
Eva es la mejor pareja que puede encontrar otra mujer
para compartir la cama una noche de invierno,
cuando el frío invita a acurrucarse entre sus pechos,
y buscar el regocijo de una piel
dispuesta a saborear la copa más alborozada del amor.
Estando con ella,
es difícil tomarse en serio la sacudida febril del erotismo,
porque ella tiene el acierto de culminar el ansia sexual
con un colofón divertido
que ahoga, entre oleadas de risas, el incendio más apasionado.
Eva, mi amor, mi refugio, mi pícaro postre, mi contrapunto,
siempre fuiste la mujer que nunca me atreví a ser
y mi sueño es contemplarte
como la imagen que de mí podría reflejar
un espejo situado en la dimensión contraria.
Por eso, hay días en que lo dejo todo,
el placer más exquisito y la pasión más sórdida,
y me acerco mucho a ti,
para admirar con emoción tu irresistible vitalidad
y saciarme con el torrente de la alegría
que vas dejando a tu paso por la vida.

Rosana, el erotismo del candor.

Rosana,  el erotismo del candor. Promete mas de lo que da, pero una promesa suya
es mucho más erótica que mil realidades.
Parece distante, pero su aparente absentismo
es una sutil y apasionada forma de pulsar
las teclas más profundas y excitantes de mi sexo,
Intento saciar mi ansia de su piel
nada mas abrir los ojos cada día
y compruebo que, a pesar de los años que le saco,
me siento inferior.
Ha sabido darme su pícaro cariño de joven adolescente
sin que en ningún momento
yo me pudiera situar en el estrado de la maestra.
Todo lo contrario,
me he sentido alumna de una colegiala
que a pesar de su aspecto angélico,
siempre tiene el acierto de encontrar un punto nuevo
donde dictar una nueva y desenfrenada lección magistral
Su cuerpo,
dulce terrible y pequeño melocotón,
de exquisitos jugos,
se ha hecho mío,
me ha llevado de la mano hasta alcanzar las puertas del cielo,
pero inmediatamente después,
-otra sibilina estrategia de toda una doctora en la materia-
me ha regalado una sonrisa traviesa,
y me ha dicho adiós,
hasta luego o hasta nunca,
para buscarse otra muñeca virtual,
con la que jugar al sexo
frenéticamente suave,
y posesivamente libre,
que suele producirse
entre una niña que quiere ser mujer
y una mujer que quiere volver a la niñez.

Celia, el esplendor.

Celia, el esplendor. Celia es alta, rubia, de piel pálida, casi de mármol,
nacida exclusivamente para ser amada por otra mujer.
Parece una estatua de Miguel Angel que hubiese cobrado vida,
o una delicada matrioska de los museos moscovitas,
pero es una mujer de Timanfaya, la isla del fuego.
La conocí en Arrecife, la capital lanzaroteña,
y no tardé en descubrir
que su piel de nieve escondía un volcán en erupción.
Celia es como la malvasía de Lanzarote,
suave, apetitosa y refinadamente embriagadora.
Amarla es saborear una copa rebosante de belleza.
Su mirada narcotiza,
tiene una tóxica serenidad que me atrapa por completo.
Me quedaba en la cama a su lado en silencio,
admirando cada uno de los rincones de su cuerpo
y asombrándome que fuese posible tanta perfección.
-¿Que haces?
-Emborracharme de ti.

Martina me rompe

Martina me rompe Cuando estoy imposible con mis exigencias
Cuando me dejo arrastrar por la imagen pura y dura
Cuando mantengo la estúpida fijación de la perfección corporal
Cuando solo pienso en línea, tipo, medidas, figura...
aparece ella rompiendo mis estúpidos cánones de belleza
y con su forma, directa y definitiva, de entender el sexo,
donde nada es imposible y todo está permitido
me desmonta el chiringuito.
Ella se come el mundo de la armonía
y lo transforma en el abismo de la pasión.
Gracias por estar ahí,
Martina,
gracias por romperme del todo
y por enseñarme a querer más allá de cualquier norma.

Daniela, el placer de repetir.

Daniela, el placer de repetir. Corazón inflamado
Mirada retadora
Labios incitantes
Carne luminosa
Así es Daniela.
Sin embargo, la negué
después de haberme regalado de forma imprevista
un profundo e impetuoso placer.
Pero ella, en vez de ofenderse,
derrochó la sensibilidad que a mí me faltó
y provocó un segundo encuentro
mucho más arrebatador que el primero.
Daniela sabe esperar
Sabe olvidar
Sabe querer.
Porque no hay pasión más irresistible que la generosidad.

Ester, amante y cómplice.

Ester, amante y cómplice. Nos teníamos ganas, aunque procurábamos no frecuentarnos,
tal vez por miedo a caer en el remolino de una pasión
que podría no tener un final feliz.
Pero las precauciones son malas consejeras,
y no se pueden mantener las incógnitas
cuando la pasión llama a la puerta,
Ester es confiada, pícara, ardiente,
sin prejuicios ni tabúes,
pero su desparpajo sexual lo sabe combinar
con un punto de inocencia que la hace aún más deseable.
Nos tomamos por curiosidad,
nos saboreamos por gula,
nos saciamos por placer.
Y ahora somos amigas y cómplices
en este viaje circular alrededor de un mundo llamado sexo.

Laura, cercana y mía.

Laura, cercana y mía. La ví una vez y soñé mil veces con ella.
Llegó a convertirse en una alucinación,
pues pensaba que jamás volvería a cruzarse en mi vida.
Pero el azar,
que en ocasiones concede utopías,
nos volvió a reunir,
para saciarnos juntas.
Resultó ser una amante rebosante de ternura
exquisita, tenue, refinada, sedosa
y extremadamente púdica.
Su piel me recitaba al oído aquellos versos de Verlaine:
Par délicatesse j'ai perdu ma vie.

Inolvidable Laura,
música en mi sexo,
dulce Laura soñada dentro del húmedo sueño de la pasión

Olga, la reina.

Olga, la reina. Todo es sexo en Olga.
Mas que bisexual, es multisexual,
solo vive para desplegar las mil y una formas del placer.
Menuda, cimbreante, pícara, inquieta y jovial,
Olga encierra en su aparente normalidad
un volcán en erupción.
Cuando ella abre la boca,
es imposible resistirse a su atractivo.
Consciente de su fuerza,
espera el momento crítico
en que todos eliminamos máscaras y maquillajes
y nos convertimos en sujetos y en objetos de deseo.
Entonces ella se agiganta,
dominadora y desafiante,
y se convierte en la indiscutible reina de la orgía.

Lola, hola y adiós.

Lola, hola y adiós. Al final de una hora de gozosa locura,
después de trabajar mi cuerpo hasta la extenuación,
sedienta y sudorosa,
me dijo su nombre.
No hacía falta tanto detalle,
pues la podría nombrar sin palabras
con la elocuencia del deseo,
con la terrible excitación
que provocaron sus labios
increiblemente desenfrenados
en mi hambrienta piel.
Lola, pasión de un día.
Tu hola me arrebató,
tu adiós me ha dejado un hueco irreemplazable.

Monica siempre llama dos veces

Monica siempre llama dos veces La conocí en un desgraciado fin de semana.
Había sufrido una burda estafa,
en la que ella sirvió de cebo involuntario.
El deseo se transformó en repulsión,
el amor en ira,
la ternura en odio.
El tiempo pone las cosas en su sitio,
y olvidé aquel ingrato incidente,
pero no a Mónica.
Ella relucía en mi recuerdo,
libre de culpa,
apetitosa como una fruta prohibida.
Nunca pude sospechar
que el azar me diera una segunda oportunidad
para recorrer otra vez con ella
el camino de la pasión.
Pero no solamente el cartero siempre llama dos veces.
Mónica también lo hace
para comprobar que en muchas ocasiones
las segundas partes son las mejores.

La fuerza de la carne.

La fuerza de la carne. Un esteta asexuado encontraría en ella miles de defectos,
y esos son precisamente para mí los más excitantes.
Ruth desafía todos los cánones,
rompe toda las normas,
incumple todas las reglas.
Potente, rotunda, resistente, y profundamente cariñosa,
tiene un cuerpo diseñado para el deseo.
Amar a Ruth
es naufragar en un mar sin fondo.
Agarrarse a ella,
es encontrar, en ese naufragio,
el puerto más seguro y acogedor.

Lorena. Y punto.

Lorena. Y punto. La suelo llamar Roma,
porque todos los caminos conducen a ella.
Lorena, siempre Lorena.
Son palabras para decir entre susurros,
con la piel dispuesta para la caricia,
con los labios implorando besos,
con el sexo ansiando más amor.
Y en un crepúsculo de verano,
cuando el horrible calor del sol me ha dicho por fín adiós
y la húmeda noche me invita a saborear la vida,
el recuerdo de su cuerpo me sabe a piña colada,
y la maravilla de su sonrisa
es como un trozo de hielo
que refresca mi cuerpo sudoroso de pasión.

Peligrosa Patricia.

<center>Peligrosa Patricia. Patricia estudia arte dramático
y se gana la vida como modelo ocasional.
Me dejó algunas fotos de su book,
cuando le pedí un recuerdo de la noche que pasamos juntas.
Patricia tiene el encanto de no avasallar,
de dejarse querer,
y lo hace con una carnalidad asombrosa,
cada postura suya es una invitación al placer,
cada gesto una insinuación a seguir amando,
cada arruga una tentación para renunciar a toda resistencia.
La sexualidad de Patricia es esforzadamente indolente,
perezosamente activa,
delicadamente furiosa,
apasionadamente fría.
Es un amor de alto voltaje
dentro de una ternura que electriza
y un peligrosísimo componente de adicción.
Tristes, muy tristes son las mañanas
cuando el sol primero del amanecer
penetra en mi dormitorio
acaricia mis sábanas,
y no encuentro el abandono de su maravillosa piel.

Una sorpresa llamada Sonia.

Una sorpresa llamada Sonia. Sinceramente, nunca pude sospechar que pudiéramos liarnos la manta en la cabeza... y algo más.
Tampoco conocía el oculto erotismo que albergaba su cuerpo lozano, sensual, casi perfecto. Siempre traté a Sonia en grupo, como una de las chicas de una peña de conocidos del barrio, que de vez en cuando, coincidíamos en los mismos bares.
De hecho conocía más a su presunto novio, que luego resultó ser tan sólo una excusa para guardar las apariencias.
La volví a ver hace unos días en una fiesta de cumpleaños.
Yo había llevado unas botellas de albariño, un vino peligroso porque ablanda las defensas.
Supongo que ella las tenía ya suficientemente ablandadas, porque la que se dejó arrastrar, fui yo.
Sonia es una sonrisa encantadora, unos increíbles senos,
una amante tierna, sugestiva, delicada y firme,
y sobre todo, es una poderosa encantadora de serpientes.
Tiene el acierto de agarrar lo que le gusta, de una forma ardientemente irresistible. Y yo, que me imaginaba inmune, fuí arrebatada por su pasión, recibiendo a modo de regalo imprevisto, la sorprendente sacudida de su erotismo impetuoso, fresco, natural y recién lavado.

Cuando quieras, repetimos.

Ana o el ardor.

Ana o el ardor. Extremadamente carnal, de un entusiasmo de adolescente,
Ana entra en la vida de cualquiera que le sonría con delicadeza
y le arrebata voraz y simultáneamente la ternura y el frenesí,
la nieve y el fuego, el beso y el bocado, el suspiro y el gemido.
Solía coincidir con ella en la cola del cine, siempre iba con su novio, un armario bien amueblado, hasta que la empecé a ver con amigas, en una actitud cada vez más cariñosa.
"Otra que se ha pasado a nuestro bando, pensé.
No tardé en trabar conocimiento con ella. Nos veíamos regularmente, me convertí en su amiga más veterana. Solía decirme que el día que se encontrara mal, me pediría consejo, cosa que nunca pasaría, porque su optimismo es inagotable.
Hasta que la otra noche, vino a mi casa, y sin decir nada,
se apoderó de mí de una forma tan fascinantemente posesiva,
que agotó toda mi capacidad de estremecimiento.
Y aún estoy intentando comprender, si es que se puede,
cómo esa chiquilla pelirroja, pecosa, bajita y regordeta,
puede almacenar tanto magnetismo sexual.
¡Guau, Ana, lo tuyo es de juzgado de guardia!"

Julia, mi droga.

Julia, mi droga. Si algo me encanta de Julia es su encantadora normalidad,
su absoluta carencia de artificio.
Es mi amiga y a la vez mi hermana mayor,
me enseñó a sonreír y a ponerme el mundo por montera,
y su forma de encarar la vida sin juicios ni prejuicios,
su impresionante desparpajo,
su asombrosa desenvoltura,
la convierte en una mujer irresistible en las distancias cortas.
Si a todas estas increíbles cualidades
se añade que en la cama es un absoluto volcán,
hay que concluir que es casi imposible desenamorarse de ella.
Por suerte, la veo de tarde en tarde,
porque es más adictiva que la más golosa de las drogas.

Labios de tango.

Labios de tango. Malena es una argentina del barrio de Palermo que viene con frecuencia a Barcelona, porque aquí su hermana ha formado pareja estable con Pau, un guitarrista de rock que se gana la vida bastante bien como músico de estudio.
Malena es una feílla encantadora, una bajita explosiva, una pelirroja peligrosa, con piel de nieve muy acariciable y unos labios absolutamente tentadores.
Malena tiene un novio platense, pero suele venir sola a Barcelona y esto le da oportunidad para expresar, con toda libertad, su lado lésbico, que es bastante deseable.
La conocí en una de esas fiestas interesantes y divertidísimas de 8 o 10 personas, que se celebran en los patios interiores de algunos exclusivos lofts del barrio de Gracia.
Le prometí una sesión de fotos.
Me prometió una sesión de amor.
Ambas cumplimos nuestra promesa.
(Ella mejor que yo, evidentemente)