Julia, mi droga.
Si algo me encanta de Julia es su encantadora normalidad, su absoluta carencia de artificio.
Es mi amiga y a la vez mi hermana mayor,
me enseñó a sonreír y a ponerme el mundo por montera,
y su forma de encarar la vida sin juicios ni prejuicios,
su impresionante desparpajo,
su asombrosa desenvoltura,
la convierte en una mujer irresistible en las distancias cortas.
Si a todas estas increíbles cualidades
se añade que en la cama es un absoluto volcán,
hay que concluir que es casi imposible desenamorarse de ella.
Por suerte, la veo de tarde en tarde,
porque es más adictiva que la más golosa de las drogas.
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