Laura, cercana y mía.
La ví una vez y soñé mil veces con ella. Llegó a convertirse en una alucinación,
pues pensaba que jamás volvería a cruzarse en mi vida.
Pero el azar,
que en ocasiones concede utopías,
nos volvió a reunir,
para saciarnos juntas.
Resultó ser una amante rebosante de ternura
exquisita, tenue, refinada, sedosa
y extremadamente púdica.
Su piel me recitaba al oído aquellos versos de Verlaine:
Par délicatesse j'ai perdu ma vie.
Inolvidable Laura,
música en mi sexo,
dulce Laura soñada dentro del húmedo sueño de la pasión
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