Eva, torbellino.
Eva siempre tiene dispuesta, para propios y extraños, una veta inagotable de arrolladora simpatía,
y venga o no venga a cuento,
les ofrece al momento una sonrisa contagiosa.
Eva odia las caras tristes,
los asuntos aburridos,
los minutos de silencio,
y prefiere el divertido alboroto de una conversación ingeniosa.
Eva es la mejor pareja que puede encontrar otra mujer
para compartir la cama una noche de invierno,
cuando el frío invita a acurrucarse entre sus pechos,
y buscar el regocijo de una piel
dispuesta a saborear la copa más alborozada del amor.
Estando con ella,
es difícil tomarse en serio la sacudida febril del erotismo,
porque ella tiene el acierto de culminar el ansia sexual
con un colofón divertido
que ahoga, entre oleadas de risas, el incendio más apasionado.
Eva, mi amor, mi refugio, mi pícaro postre, mi contrapunto,
siempre fuiste la mujer que nunca me atreví a ser
y mi sueño es contemplarte
como la imagen que de mí podría reflejar
un espejo situado en la dimensión contraria.
Por eso, hay días en que lo dejo todo,
el placer más exquisito y la pasión más sórdida,
y me acerco mucho a ti,
para admirar con emoción tu irresistible vitalidad
y saciarme con el torrente de la alegría
que vas dejando a tu paso por la vida.
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