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Soy una actriz porno:

¿Y qué?

Lorena. Y punto.

Lorena. Y punto. La suelo llamar Roma,
porque todos los caminos conducen a ella.
Lorena, siempre Lorena.
Son palabras para decir entre susurros,
con la piel dispuesta para la caricia,
con los labios implorando besos,
con el sexo ansiando más amor.
Y en un crepúsculo de verano,
cuando el horrible calor del sol me ha dicho por fín adiós
y la húmeda noche me invita a saborear la vida,
el recuerdo de su cuerpo me sabe a piña colada,
y la maravilla de su sonrisa
es como un trozo de hielo
que refresca mi cuerpo sudoroso de pasión.

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