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Soy una actriz porno:

¿Y qué?

Gina, alborotado deseo

Gina, alborotado deseo

Gina es una italiana que vivía en mi barrio y visitaba con frecuencia el ciber a donde suelo ir a mirar el correo y colgarme del messenger.

Coincidíamos en la puerta: ella llegaba, cuando yo me iba, pero invariablemente tenía tiempo de regalarme, al cruzarse conmigo, una sonrisa golosa, picante y muy nutritiva.

Un día me quedé más tiempo solo para esperarla. Ella entonces se sentó ante un ordenador situado enfrente del mío. No sé cómo había conseguido mi email, lo cierto es que me mandó un mensaje muy provocativo y yo piqué creyendo que era otra persona, hasta que, al cabo de un rato, cuando las insinuaciones habían subido de tono, no pudo aguantarse más y soltó una divertida carcajada que trastornó a toda la sala. La miré con asombro y ella me envió un mensaje que ya no necesitaba el concurso del chip. Se acercó y, ante los asombrados ojos del personal, me dio uno de esos besos que sólo los puede ofrecer una italiana del sur.

Fue una noche arrebatadamente irresistible. Gina me dejó la huella de sus dientes en mi piel, la huella de su sonrisa en mis ojos, la huella de su pasión en mi sexo.

Al día siguiente, me encontré con una nota suya en donde me anunciaba que volvía a su querida Italia, y me sugería la posibilidad de un segundo encuentro, en alguna terraza romana, tomando juntas un capucino, y saboreando de antemano una segunda noche de amor disparatado.

Gina, pícara, Gina, traviesa,

Gina, revoltosa ladrona de corazones.

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mello -

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