Karma,
de la anarquía al burka.
Karma tenía un blog bastante fiero y sin pelos en la lengua que la retrataba a la perfección.
Lo seguía muy atentamente, y una vez comenté uno de sus post, matizando sus conclusiones, un tanto radicales, sobre las cosas y las gentes de su vida. Al cabo de unos días, Karma hizo lo mismo en mi blog, y de ahí nació una relación por e-mail, cada vez más intensa, sincera, abierta y estimulantemente provechosa para nuestras mentes.
Todo podía haber quedado en una gran amistad a distancia, si no fuese porque el pícaro azar juega a los dados con nuestros corazones. Una noche me la encontré en la plaza de mi barrio, tomando copas con un amigo mío, un viejo confidente de correrías, y a la segunda frase nos identificamos, nos reconocimos, y nos difuminamos en la atmósfera.
Viví con ella una semana de pasión que nunca se me quitará del pensamiento.
Pero un buen día, Karma sintió la llamada del Sur y abandonando trabajo y amigos, viajó a su tierra prometida: Granada.
Lo último que sé de ella, es que ha dado un cambio brutal a su vida. Aquella mujer abierta y desinhibida, sin prejuicios y sin credos, se ha convertido en la solícita y callada esposa de un musulmán granadino.
Así es mi querida Karma: ayer insolente, hoy sumisa, ayer exhibicionista, hoy pudorosa, ayer agnóstica, hoy piadosa, pero ayer, hoy y siempre: extremista, sorprendente, única.
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