
Asombrada, casi confundida, ante tanta fascinación,
me acerqué a tu piel casi con reverencia.
Tu hermosura elegante, casi angélica,
frenaba mi ansia de caricias,
pero la sensualidad de tus ojos
y la humedad exquisita de tus labios
me animó a sumergirme en el remolino de la pasión.
Y mi deseo persistió aún después de haber sido satisfecho,
porque tu poderoso atractivo parece inagotable.
Alicia, vida mía,
muéstrame sin reservas
la maravilla de tu piel suavemente morena
que parece hecha de miel dulcísima,
hiéreme con las flechas de tu mirada
que atraviesan los ojos del alma,
baila la danza de la ternura
en el escenario que mi corazón ha dejado libre para ti,
porque quiero ser para ti
la flor que acaricias,
el lecho de hierba donde te tiendes,
la túnica de tul que pasas por tus labios,
y tu belleza limpia y natural, maquillada por los dioses,
anima una y otra vez mi ansia de ti
y te beso, te acaricio y te poseo y es tan intenso mi apetito,
que el orgasmo me envuelve con una suavidad infinita,
mi cuerpo se derrite
y en mis ojos fluyen las lagrimas
ante una perfección que sólo puede ser posible,
si se concibe como un sueño.