Greta, contagiosa sal marina
Como buena pelirroja, Greta tiene un punto de peligrosa,
que la convierte en una chica felizmente poco recomendable.
Sexualmente no tiene remilgos,
siempre tiene hambre y come de todo.
Tampoco se corta.
Me la presentaron
y a los cinco minutos ya estaba entretenida
en hacerme atrevidas proposiciones,
a mí y a mi novia de entonces.
La volví a ver este verano en Ibiza,
en una de esas excursiones en yate
en donde solo conoces a quien te invitó a subir a bordo,
amigo de una amiga de un amigo de la novia del dueño.
Aquel día, después de una comida pantagruélica,
a la hora de la siesta,
cuando unos se bañaban, y otros dormían al sol,
Greta me llevó al camarote del capitán,
y navegamos juntas
en una maravillosa, inolvidable e interminable tarde
de sol, sudor y sexo.
Greta ha hecho conmigo,
lo que hace con todos y todas,
contagiarme con su virus.
No la he vuelto a ver más,
pero da igual,
ella sabe que el próximo verano, volveré a Ibiza,
solamente para estar con ella.
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