Sara, sexo sin palabras.
Coincidí con ella en un bar de vinos.Se la veía nerviosa. Estaba esperando a alguien.
Me acerqué a ella, para ofrecerle una segunda copa.
Se notaba que estaba desorientada,
pero su mirada melancólica
no conseguía ocultar un trasfondo terriblemente sensual.
El presunto novio al final llegó a la cita,
pero lo suficientemente tarde,
como para conseguir de ella su número de móvil.
Al cabo de unos días la llamé.
Quedamos en el mismo sitio y a la misma hora.
Se presentó más triste que la primera vez
y con unas ganas locas de emborracharse.
Estaba claro que había roto con aquel tipo
y quería probar el amor desde la otra orilla.
Bebió vino hasta saciarse,
y sin apenas probar bocado,
me besó con hambre y se invitó a mi cama.
Mientras íbamos a casa
pensé que no me gustaba tanto como al principio.
Su mirada era demasiado ansiosa,
no me gustaba su forma de andar, un tanto masculina
y tampoco me agradaba
que intentara vengarse del otro, en mi sexo.
Estuve a punto de soltar una excusa y decirle hasta la próxima.
Felizmente me contuve.
Al llegar la cama,
ella me arrebató,
y olvidé definitivamente mis prevenciones de mujer calculadora,
porque tomándome una y otra vez,
Sara se hizo sexo.
Directo, esencial, puro y duro.,
Sin más preámbulo.
Sin más palabras.
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