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Soy una actriz porno:

¿Y qué?

Laura, cercana y mía.

Laura, cercana y mía.

La ví una vez y soñé mil veces con ella.
Llegó a convertirse en una alucinación,
pues pensaba que jamás volvería a cruzarse en mi vida.
Pero el azar,
que en ocasiones concede utopías,
nos volvió a reunir,
para saciarnos juntas.
Resultó ser una amante rebosante de ternura
exquisita, tenue, refinada, sedosa
y extremadamente púdica.
Su piel me recitaba al oído aquellos versos de Verlaine:
Par délicatesse j'ai perdu ma vie.

Inolvidable Laura,
música en mi sexo,
dulce Laura soñada dentro del húmedo sueño de la pasión

Olga, la reina.

Olga, la reina.

Todo es sexo en Olga.
Mas que bisexual, es multisexual,
solo vive para desplegar las mil y una formas del placer.
Menuda, cimbreante, pícara, inquieta y jovial,
Olga encierra en su aparente normalidad
un volcán en erupción.
Cuando ella abre la boca,
es imposible resistirse a su atractivo.
Consciente de su fuerza,
espera el momento crítico
en que todos eliminamos máscaras y maquillajes
y nos convertimos en sujetos y en objetos de deseo.
Entonces ella se agiganta,
dominadora y desafiante,
y se convierte en la indiscutible reina de la orgía.

Lola, hola y adiós.

Lola, hola y adiós.

Al final de una hora de gozosa locura,
después de trabajar mi cuerpo hasta la extenuación,
sedienta y sudorosa,
me dijo su nombre.
No hacía falta tanto detalle,
pues la podría nombrar sin palabras
con la elocuencia del deseo,
con la terrible excitación
que provocaron sus labios
increiblemente desenfrenados
en mi hambrienta piel.
Lola, pasión de un día.
Tu hola me arrebató,
tu adiós me ha dejado un hueco irreemplazable.

Monica siempre llama dos veces

Monica siempre llama dos veces

La conocí en un desgraciado fin de semana.
Había sufrido una burda estafa,
en la que ella sirvió de cebo involuntario.
El deseo se transformó en repulsión,
el amor en ira,
la ternura en odio.
El tiempo pone las cosas en su sitio,
y olvidé aquel ingrato incidente,
pero no a Mónica.
Ella relucía en mi recuerdo,
libre de culpa,
apetitosa como una fruta prohibida.
Nunca pude sospechar
que el azar me diera una segunda oportunidad
para recorrer otra vez con ella
el camino de la pasión.
Pero no solamente el cartero siempre llama dos veces.
Mónica también lo hace
para comprobar que en muchas ocasiones
las segundas partes son las mejores.

La fuerza de la carne.

La fuerza de la carne.

Un esteta asexuado encontraría en ella miles de defectos,
y esos son precisamente para mí los más excitantes.
Ruth desafía todos los cánones,
rompe toda las normas,
incumple todas las reglas.
Potente, rotunda, resistente, y profundamente cariñosa,
tiene un cuerpo diseñado para el deseo.
Amar a Ruth
es naufragar en un mar sin fondo.
Agarrarse a ella,
es encontrar, en ese naufragio,
el puerto más seguro y acogedor.

Lorena. Y punto.

Lorena. Y punto.

La suelo llamar Roma,
porque todos los caminos conducen a ella.
Lorena, siempre Lorena.
Son palabras para decir entre susurros,
con la piel dispuesta para la caricia,
con los labios implorando besos,
con el sexo ansiando más amor.
Y en un crepúsculo de verano,
cuando el horrible calor del sol me ha dicho por fín adiós
y la húmeda noche me invita a saborear la vida,
el recuerdo de su cuerpo me sabe a piña colada,
y la maravilla de su sonrisa
es como un trozo de hielo
que refresca mi cuerpo sudoroso de pasión.

Peligrosa Patricia.

<center>Peligrosa Patricia.

Patricia estudia arte dramático
y se gana la vida como modelo ocasional.
Me dejó algunas fotos de su book,
cuando le pedí un recuerdo de la noche que pasamos juntas.
Patricia tiene el encanto de no avasallar,
de dejarse querer,
y lo hace con una carnalidad asombrosa,
cada postura suya es una invitación al placer,
cada gesto una insinuación a seguir amando,
cada arruga una tentación para renunciar a toda resistencia.
La sexualidad de Patricia es esforzadamente indolente,
perezosamente activa,
delicadamente furiosa,
apasionadamente fría.
Es un amor de alto voltaje
dentro de una ternura que electriza
y un peligrosísimo componente de adicción.
Tristes, muy tristes son las mañanas
cuando el sol primero del amanecer
penetra en mi dormitorio
acaricia mis sábanas,
y no encuentro el abandono de su maravillosa piel.

Pasión de solsticio.

<center>Pasión de solsticio.

Conozco a Sandra en la noche más breve y mágica del año
y descubro en ella la incontenible hoguera de un deseo feliz,
donde a cada beso,
húmedo, goloso, con sabor a fresa,
le sucedía un gemido,
y una mirada sonriente y agradecida.
Su cuerpo exhibe una sugestiva fragilidad,
su piel se muestra con una suavidad infinita,
y se ofrece sin reservas a la caricia delicada,
pues una presión mayor y más desenfrenada,
rompería el exquisito jarrón de porcelana
de un liviano organismo proclive al descontrol.
Ella no requiere largos preámbulos ni larguísimos cortejos.
Mi primer abrazo desencadena un proceso,
que pudo llegar al desvanecimiento de un orgasmo súbito,
si no hubiese procurado alargarlo con pausas de algodón,
donde su sonrisa de ángel
me elevó mil veces a la antesala del placer.
Pequeña flor de invernadero,
caricia imposible,
pasión de niña,
lujuria de virgen,
locura de un sueño soñado dentro de otro sueño,
en una hechicera noche de verano.

Una sorpresa llamada Sonia.

Una sorpresa llamada Sonia.

Sinceramente, nunca pude sospechar que pudiéramos liarnos la manta en la cabeza... y algo más.
Tampoco conocía el oculto erotismo que albergaba su cuerpo lozano, sensual, casi perfecto. Siempre traté a Sonia en grupo, como una de las chicas de una peña de conocidos del barrio, que de vez en cuando, coincidíamos en los mismos bares.
De hecho conocía más a su presunto novio, que luego resultó ser tan sólo una excusa para guardar las apariencias.
La volví a ver hace unos días en una fiesta de cumpleaños.
Yo había llevado unas botellas de albariño, un vino peligroso porque ablanda las defensas.
Supongo que ella las tenía ya suficientemente ablandadas, porque la que se dejó arrastrar, fui yo.
Sonia es una sonrisa encantadora, unos increíbles senos,
una amante tierna, sugestiva, delicada y firme,
y sobre todo, es una poderosa encantadora de serpientes.
Tiene el acierto de agarrar lo que le gusta, de una forma ardientemente irresistible. Y yo, que me imaginaba inmune, fuí arrebatada por su pasión, recibiendo a modo de regalo imprevisto, la sorprendente sacudida de su erotismo impetuoso, fresco, natural y recién lavado.

Cuando quieras, repetimos.

Ana o el ardor.

Ana o el ardor.

Extremadamente carnal, de un entusiasmo de adolescente,
Ana entra en la vida de cualquiera que le sonría con delicadeza
y le arrebata voraz y simultáneamente la ternura y el frenesí,
la nieve y el fuego, el beso y el bocado, el suspiro y el gemido.
Solía coincidir con ella en la cola del cine, siempre iba con su novio, un armario bien amueblado, hasta que la empecé a ver con amigas, en una actitud cada vez más cariñosa.
"Otra que se ha pasado a nuestro bando, pensé.
No tardé en trabar conocimiento con ella. Nos veíamos regularmente, me convertí en su amiga más veterana. Solía decirme que el día que se encontrara mal, me pediría consejo, cosa que nunca pasaría, porque su optimismo es inagotable.
Hasta que la otra noche, vino a mi casa, y sin decir nada,
se apoderó de mí de una forma tan fascinantemente posesiva,
que agotó toda mi capacidad de estremecimiento.
Y aún estoy intentando comprender, si es que se puede,
cómo esa chiquilla pelirroja, pecosa, bajita y regordeta,
puede almacenar tanto magnetismo sexual.
¡Guau, Ana, lo tuyo es de juzgado de guardia!"

Julia, mi droga.

Julia, mi droga.

Si algo me encanta de Julia es su encantadora normalidad,
su absoluta carencia de artificio.
Es mi amiga y a la vez mi hermana mayor,
me enseñó a sonreír y a ponerme el mundo por montera,
y su forma de encarar la vida sin juicios ni prejuicios,
su impresionante desparpajo,
su asombrosa desenvoltura,
la convierte en una mujer irresistible en las distancias cortas.
Si a todas estas increíbles cualidades
se añade que en la cama es un absoluto volcán,
hay que concluir que es casi imposible desenamorarse de ella.
Por suerte, la veo de tarde en tarde,
porque es más adictiva que la más golosa de las drogas.

Noemí, la excepción

Noemí, la excepción

Sesión de fotos en Ibiza.
Acompaño a Viv Thomas como ayudante.
Me presenta a Noemí.
Con solo una mirada nos adivinamos.
Excelente sonrisa,
asombroso cabello,
cuerpo andrógino de adolescente,
dúctil, cimbreante, incansable en el amor.
Noemí es descaradamente heterosexual,
aunque de vez en cuando se reserva unas excepciones.
Nos hicimos felices en un intercambio desigual.
Noemí no me podía dar cariño y me dio sexo.
Yo no podía darle sexo y le dí cariño.
Sé que nunca la volveré a tener como amante.
Pero siempre la tendré como amiga.

Bienvenida al club.

Bienvenida al club.

Amiga bastante íntima de una amiga bastante íntima mía,
apenas habíamos cruzado palabra.
Su mundo y el mío divergían por culpa de la diferencia de edad.
Siete años más joven que yo,
sus aficiones y apetencias estaban bastante lejanas de las mías.
Pero estabamos condenadas a entendernos.
El viernes por la tarde coincidimos en el Fnac,
tomamos café, nos caímos excelentemente
y quedamos para cenar.
Elisa es pequeña, delgadísima,
pero con un cuerpo sin defectos, irresistiblemente apetitoso.
Su figura de porcelana
está culminada por unos maravillosos ojos verdes
con mirada de rayos X.
Contrastando con su delicadeza exterior,
sexualmente es insaciable y desenfrenada.
Ella supo hacerme feliz,
pero mi mayor placer fue comprobar cómo la hice yo feliz a ella.
Al día siguiente, después de desayunar zumo de melocotón,
se adelantó a mis pensamientos,
y me pidió que le hiciese unas fotos para sacarla en mi blog.
Ante mi extrañeza,
me respondió que estaba harta de soportar
la torpeza sexual de tíos sin delicadeza
y consideraba este post
como una forma bastante divertida de salir del armario.
Bienvenida al club, Elisa.

En la gloria.

<center>En la gloria.

Torbellino que arrastra. Furia que arrebata.
Simpatía que fascina. Audacia que divierte.
Fuego que contagia. Desvergüenza que sorprende.
Frenesí que avasalla. Sonrisa que conquista.
Tentación apetecible. Atracción irresistible.
Eso es estar en la gloria.
Con Gloria.

Labios de tango.

Labios de tango.

Malena es una argentina del barrio de Palermo que viene con frecuencia a Barcelona, porque aquí su hermana ha formado pareja estable con Pau, un guitarrista de rock que se gana la vida bastante bien como músico de estudio.
Malena es una feílla encantadora, una bajita explosiva, una pelirroja peligrosa, con piel de nieve muy acariciable y unos labios absolutamente tentadores.
Malena tiene un novio platense, pero suele venir sola a Barcelona y esto le da oportunidad para expresar, con toda libertad, su lado lésbico, que es bastante deseable.
La conocí en una de esas fiestas interesantes y divertidísimas de 8 o 10 personas, que se celebran en los patios interiores de algunos exclusivos lofts del barrio de Gracia.
Le prometí una sesión de fotos.
Me prometió una sesión de amor.
Ambas cumplimos nuestra promesa.
(Ella mejor que yo, evidentemente)

Mi chica de al lado

<center>Mi chica de al lado

Graciela posee la hermosura de una sonrisa optimista,
el atractivo de un buen humor a toda prueba
y el encanto de la amabilidad.
Su piel exhibe una decorosa puesta en escena,
a mil años luz del descaro frívolo de una pin-up.
Su cuerpo desnudo
adquiere la confortable textura de un edredón,
y su sexo recogido y sugerente,
más que un apasionado volcán
es una fresca fontana .
Graciela es mi vecina,
me pasa el pan y la sal,
y de vez en cuando,
con más frecuencia
de lo que podía considerarse compañerismo
y menos de lo que sería una relación impetuosa,
me ofrece un beso húmedo y tímido,
envuelto en una pícara sonrisa.
Siempre supe que Graciela era lesbiana,
y siempre supo ella que yo la deseaba,
sin arrebato pero con constancia,
sin vehemencia pero con asiduidad.
Ayer se presentó en mi casa
con una botella de champán y dos copas.
Nada más entrar,
me regaló un beso más detenido y posesivo
y me pidió posar desnuda para mi cámara de fotos.
Una excusa para una noche de amor,
donde se demostró una vez más
que la suma de las dos eses (sexo+simpatía)
es un cóctel irresistible.
Graciela, sin ser una belleza deslumbrante,
se transformó para mí en la reencarnación de Venus.

Van, la chica de moda.




Me invita Viv Thomas a una sesión con Van, una de las modelos de desnudos que más están facturando en los últimos meses. Van ha seguido los pasos de su íntima amiga, Sandy, que está en lo más alto. Nada de porno duro con chicos, solamente escenas lésbicas y muchas sesiones en solitario. Van tiene una figura muy atlética, unos muslos casi masculinos, y un cuerpo sin una gota de grasa. Mantiene un bronceado natural todo el año y posee una piel envidiable. Aún así, vista en su conjunto le falta algo de dulzura, un pequeño toque retro y un tanto romántico, pero eso ya no se lleva, y Van, por lo mucho que trabaja, es la vecinita que todos los machitos desearían. Viv Thomas me sugiere que haga unas fotos con ella, como chica de acompañamiento. Pero yo he venido a charlar con Viv para otra cosa bien distinta que ganarme un extra haciendo de florero. Pretendo hacer un stage con él, para sacar experiencia como fotógrafa y no me disgustaría que me tomase como ayudante en algunas sesiones, cobrando lo mínimo, o solo los gastos. Felizmente tengo ahorrado un dinero y me puedo permitir ese lujo. Porque lo tengo claro, o cambio de oficio, ahora que puedo, o me veo en el paro más absoluto, cuando la flaccidez, que ya anda cercana, comience a hacer estragos.


Aun así, reconozco que Van tiene un polvo de los míos.
Igual cae...

Cris, erotismo de altos vuelos.

Cris, erotismo de altos vuelos.

Noche de viernes con Cristina. La conocí en un casting para un anuncio de un producto capilar. Cris tiene un cabello rubio delicioso y un cuerpo firme y sensual, donde destacan unas caderas anchas y un culo potente, tal vez demasiado para los tiempos que corren, pero terriblemente sexy.
Nos vestimos de traje largo, para dar envidia a los machitos que podríamos encontrar en el Drolma, un restaurante muy de moda, muy de diseño, muy de nueva cocina, y muy, muy, muy caro. No importa. He cobrado más de lo previsto de unas sesiones de desnudo con el ruso Galitsin, que espero ver pronto en su pagina web.
Pedimos el menú de degustación, multitud de platos de titulo larguísimo y ración cortísima. Bebemos un Montrachet del 94, un borgoña blanco que me quita el sentido, aunque eso sí, cuesta tanto como la cena.
Cris tiene los ojos brillantes y muy expresivos, al poco tiempo nos estamos acariciando debajo de la mesa con nuestros pies, mientras reimos y el resto de los comensales nos miran de reojo. En la mesa de al lado hay dos periodistas de La Vanguardia, charlando con dos chinos. Paga el conde de Godó, of course. Los chinos sonríen, y uno de los chicos de la prensa, el más talludito, observa descaradamente a Cris, que lleva un traje negro muy escotado sin sujetador y hay momentos en que sus pezones intentan salir de su escondite para saludar a la concurrencia.
Como postre, pedimos champán y nos sirven un Roderer Cristal, mucho más exquisito, y caro, que el que habíamos solicitado. Ante mi mirada de extrañeza, el camarero me señala que es una invitación de la mesa de al lado. Sonrío agradecida a los periodistas y a su séquito oriental, brindamos con ellos, y por un momento las dos mesas se convierten en una. En honor al Extremo Oriente, se charla en inglés, el mío es malísimo, pero Cris se desenvuelve perfectamente y conquista a los chinos, a los periodistas y a mí un poco más aún.
Después del consabido rito de pasarnos números de teléfono que no tardaremos en olvidar, abandonamos el restaurante y vamos a casa. Antes de meternos en la cama le hago esta foto. (Está recortada, porque la calidad de sus pezones, es solo para mis ojos.)
Hemos amanecido mojadas de sudor, después de una noche de amor frenético. Cris es una leona en la cama, insaciable, ardorosa, perfecta. Nos hemos duchado juntas, saboreándonos una vez más y después la he acompañado al aeropuerto, pues vuela a Chicago y a Los Angeles. Cris es azafata y va de aquí para allá. Pero ella sabe que a partir de esta noche, yo me he convertido en su destino perferido.

Sin riesgo solo te queda la superficialidad del vacío

Sin riesgo solo te queda la superficialidad del vacío

Vas por la vida tan contenta y feliz,
presumiendo de amigos
a los que quieres y que te quieren,
y de pronto, la hecatombe.
Alguien te desea para más cosas
de lo que tú habías planificado.
¿Qué hacer?
¿Entretenerlo?
¿Mantener vivas y ardientes sus esperanzas,
porque no deseas prescindir de su amistad?
¿O dejar las cosas claras, establecer un límite,
hasta aquí sí, hasta aquí, olvídate?
¿Y si la otra persona que quiere ser algo
ahora que tiene fuerzas para ello?
Cierto: sin riesgo sólo te queda la superficialidad del vacío.
¿Pero y si te arriesgas,
y en vez de alcanzar la profundidad de la emoción,
caes en el precipicio de la decepción?
Se mire como se mire, el jarrón se ha roto.
Donde antes había alegría y buenas vibraciones,
ahora hay mal rollo.
Por culpa de un amor no correspondido,
se rompe una amistad mutua, leal y bien compenetrada.
Por culpa de la pasión de la posesión,
se pierde la generosidad de la complicidad.

Ya me lo decía mi tía Barbara,
que tiene respuesta para casi todo:
“Procura no enamorarte, mi niña,
pero sobre todo, procura no enamorar.
Porque el amor es un elefante en una cristalería.”

Sara contemplando la primavera.

Sara contemplando la primavera.

Sara tiene un cuerpo magnífico, moldeado con muchas horas de gimnasio y una dieta feroz de fruta, ensaladas y yogures desnatados.
Sara se gana la vida como modelo y ocasionalmente ha hecho algunas sesiones de desnudo, pero ha terminado los estudios de psicología y pediatría y dentro de un mes se va con una ONG a cuidar niños africanos.
Sara tiene un corazón de oro, y eso es muchísimo más excepcional que la belleza de su cuerpo.
He amado a Sara muchas noches y ella se ha dejado amar. Sara es delicada, y sexualmente muy poco activa. Tiene un espíritu zen, y el amor lo reparte con sonrisas y caricias de una suavidad casi angélica.
La mañana que le hice la foto habíamos dormido juntas. La noche anterior había llovido y el día amaneció espléndido, con toda la plenitud de una primavera presentida. Se asomó a la ventana feliz, y yo fui detrás de ella, con mi Canon EOS y le robé esta fotografía.
Ella se lleva otra mía, más impublicable que ésta, para que se acuerde de la pasión que sembró en mí.